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La
historia del actual México
se inicia hace cerca de 3,000 años con una sucesión
de pueblos autóctonos que desarrollaron culturas
propias en el sur y el centro del país.
Sucesivamente, a lo largo de 30 siglos, el dominio
de amplios territorios del México de hoy
correspondió a los olmecas, los mayas, los toltecas,
los zapotecas y los mexicas, entre muchos otros
pueblos. Los viajes en el México prehispánico tenían
la misma naturaleza que en otros sitios del mundo:
comercio, peregrinaciones o guerras. En la Península
de Yucatán existía una red de caminos que unían las
ciudades y pequeñas poblaciones, estos caminos
llamados sacbés (sak beo'ob en maya); estas
vialidades estaban equipadas para zonas de
campamentos y en los pueblos se construían casas de
hospedaje y abastecimiento de viandas.
En la época virreinal de 1521, el navegante
Fernando de Magallanes al servicio de España llegó
al archipiélago filipino y tomó posesión jurídica de
las islas, bajo el trono español, pero sin dejar un
solo soldado o español cualquiera en las islas que
valiera la colonización de España. Aunque se sabía
que los indígenas eran sumamente dóciles y además se
quería arrebatar el poder de Portugal en las Indias
Orientales, Hernán Cortés envió tres barcos rumbo a
Asia,
que
zarparon de Zihuatanejo en 1527. En el camino dos de
ellos naufragaron, y el tercero llegó, pero no
regresó por no haber encontrado la corriente del
retorno. Después en 1541, López de Villalobos fue
enviado por el virrey Antonio de Mendoza para
encabezar una expedición hacia las Indias Orientales
en busca de nuevas rutas comerciales. Su expedición
partió de Puerto de Navidad en 1542 a bordo de
cuatro carabelas.
Existieron cuatro troncales del Camino Real,
que unían la ciudad de México con Acapulco,
Veracruz, Audiencia (Guatemala) y Santa Fe:
«Conformaban una cuádruple ruta repleta de
caminantes, carretas y recuas de mulas».
El Camino Real de Tierra Adentro siguió una
ruta marcada por el terreno: «La actividad volcánica
y un clima inclemente labraron una tierra rica en
depósitos de plata, cobre, oro, ópalos, turquesas y
sal. Los desplazamientos de las placas tectónicas
abrieron en el centro de Nuevo México una grieta de
más de kilómetro y medio de profundidad, la segunda
más larga del mundo. Las aguas del deshielo que
fluían hacia el valle formaron el río Bravo y éste
fue llenando con sedimentos la profunda brecha»
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