Panamá
posee una multiplicidad cultural que lo hace único
en la región, a lo que contribuye además la
constante presencia de visitantes de todas partes
del mundo. El origen de esta singular mezcla
cultural es sin duda la característica de
encrucijada que siempre ha tenido el país, pero
también lo es la conexión intensa de Panamá con el
mar, que la hace muy parecida a una isla del Caribe.
Lugar de paso y punto de encuentro, esta pequeña
tierra es considerada un verdadero crisol de razas.
Parte importante de la riqueza cultural del país
está en las tradiciones de los siete grupos
indígenas, que se encuentran asentados en
territorios semi-autónomos, en los que mantienen
vivas sus costumbres ancestrales. Estos grupos
originarios cultivan la música y el baile, pero su
aporte cultural más apreciado es su habilidad como
maestros artesanos.
Las piezas producidas por algunos de estos grupos
son verdaderas joyas, obras de una gran belleza
producidas por un arte que tiene sus raíces en los
tiempos precolombinos. Las molas de los Kuna, las
chaquiras y chácaras de los Ngäbe, las miniaturas de
tagua y las cestas de los Emberá y Wounaan son de
una exquisitez inusitada.