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La posición geográfica de
Panamá ha jugado un rol estratégico a lo
largo de toda su historia. La esbelta silueta del
país mide tan sólo 80 kilómetros en su cintura más
angosta, lo que permitió la construcción del Canal
de Panamá, a principios del siglo veinte, que volvió
a crear un nexo entre los océanos.
Ya desde antes, en el siglo XVI, España había
convertido a Panamá en una vía de cruce entre los
mares y en un centro comercial importante dentro de
su imperio. España transportaba sus riquezas por
medio de barcos hasta el puerto de Portobelo en la
provincia de Colón. De allí, mulas y cayucos
cargaban la mercancía a través del istmo hasta la
Ciudad de Panamá para distribuir a sus colonias en
la costa pacífica de América. Esa concentración de
riquezas atrajo a piratas y corsarios ingleses como
Francis Drake, que asoló Portobelo en 1596 y Henry
Morgan que incendió y saqueó la primera Ciudad de
Panamá, en 1671.
Motivada por los aires de libertad de los países
vecinos, Panamá se independiza de España en el mes
de noviembre de 1821, para unirse a los países de la
Gran Colombia, conformada por Colombia, Venezuela y
Ecuador. Sin embargo, el deseo panameño de
convertirse en una república libre y soberana la
llevó a separarse de Colombia el 3 de noviembre de
1903.
En 1904 se inició la construcción del Canal de
Panamá, considerada la octava maravilla del mundo,
obra que definió la vocación del territorio como
lugar de paso e intercambio. Hoy, Panamá es uno de
los países con mayor desarrollo de Centroamérica, y
uno de las naciones de América de mayor desarrollo
económico y turístico. |
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